Un niño pequeño que camina por la habitación con un animal de madera y dice «Oso dormir» está haciendo mucho más que jugar. En un momento de juego tan sencillo se unen las palabras, la escucha, la imaginación y el contacto. Los juguetes para el desarrollo del lenguaje de tu peque no tienen por qué ser complicados ni ruidosos. Los juguetes que invitan a mirar, nombrar y repetir juntos pueden dar pie a todo tipo de pequeñas conversaciones.
El desarrollo del lenguaje no sigue exactamente el mismo ritmo en todos los niños. Algunos peques ya utilizan frases cortas, mientras que otros todavía observan mucho y emplean palabras sueltas. Hablar, escuchar, cantar y jugar juntos ofrece durante el día todo tipo de momentos en los que un niño puede oír y utilizar el lenguaje. Los juguetes pueden ser un buen punto de partida.
Por qué el juego y el lenguaje combinan tan bien
Los niños pequeños oyen y utilizan el lenguaje en muchas situaciones cotidianas. Cuando un niño coloca un bloque sobre una torre, puedes poner palabras a lo que ocurre: «Otro bloque. ¡Alto! Vaya, se ha caído». De esta forma, tu peque relaciona sonidos con acciones, objetos y sentimientos. No tiene que parecer una lección. Mientras juega, puedes añadir de manera natural palabras a lo que tu hijo ve y hace.
Los juguetes también permiten repetir sin que resulte aburrido. Una muñeca se va a dormir todos los días, un tren recorre las vías una y otra vez y un animal se esconde siempre detrás de un cojín. Gracias a estos juegos conocidos, las mismas palabras vuelven de forma natural: encima, debajo, dormir, rápido, para, suave y otra vez.
Jugar juntos marca la diferencia, pero no hace falta que participes continuamente. Observa de vez en cuando, sigue la iniciativa de tu peque y espera un momento después de una pregunta o comentario. Esa pequeña pausa le da la oportunidad de señalar, hacer un sonido o intentar decir una palabra. Aunque tu peque todavía responda poco, puedes seguir nombrando lo que veis y hacéis juntos.
¿Qué juguetes favorecen el desarrollo del lenguaje en niños pequeños?
Al elegir juguetes, fíjate sobre todo en los intereses, la edad y las habilidades de tu hijo. Un peque al que le gusta imitar vehículos quizá disfrute más con un sencillo garaje de madera que con un juego lleno de reglas. Un niño al que le encantan los mimos puede inventar las conversaciones más bonitas con una muñeca o un peluche.
Juguetes simbólicos para inventar pequeñas historias
Las muñecas, los peluches, los animales de madera, una cocinita y los vehículos invitan al juego simbólico. Durante este tipo de juego aparecen de manera natural muchas palabras cotidianas. El oso está cansado, la sopa está caliente, el autobús va a casa de la abuela. No tienes que dirigir la historia. Una pregunta abierta como «¿Adónde va el perro?» puede ser suficiente.
A veces tu peque responde con una sola palabra y otras veces con un gesto. Simplemente, reacciona: «Sí, fuera. El perro va fuera». Así añades lenguaje sin adueñarte de su juego ni ponerle a prueba.
Bloques de madera y figuras para clasificar
Con bloques y puzles de formas surgen de manera natural palabras relacionadas con el color, la forma, el tamaño y la posición. Nombra lo que ves: una tabla larga, una forma redonda, un coche rojo o un bloque junto a la torre. Así puedes relacionar conceptos como dentro, encima, debajo y detrás con lo que tu peque ve y hace en ese momento.
El juego no tiene que ser una tarea. Construid juntos una casa para un animal o dejad que un coche atraviese un túnel. Cuando la torre se cae, no es un fracaso, sino una conversación nueva: «¡Pum! Todo está en el suelo».
Juguetes musicales y canciones
Un instrumento musical sencillo, como un tambor, un xilófono o un sonajero de madera, puede aportar un ritmo divertido al lenguaje. Las canciones cortas con repeticiones, palmas y movimientos ofrecen distintas maneras de jugar juntos con los sonidos y las palabras. Canta con calma, deja espacio para una palabra al final de una frase y no dudes en repetir a menudo las canciones favoritas.
La música no tiene que sonar bonita ni perfecta. Se trata de escuchar, imitar y pasarlo bien juntos. También puedes nombrar y repetir durante el juego onomatopeyas como «tin», «pum» y «toc toc». Un instrumento musical de madera encaja igual de bien en una tarde tranquila que en un alegre momento de baile.
Juegos de observar y buscar
Los juguetes con imágenes reconocibles, figuras grandes o un tablero de actividades pueden invitaros a mirar, descubrir y nombrar juntos. Hazlo sencillo y ameno, y observa durante cuánto tiempo mantiene el interés tu peque.
Elige imágenes cercanas a la vida cotidiana: animales, alimentos, ropa, vehículos y objetos del hogar. Puedes utilizar palabras que tu hijo también encuentre en situaciones del día a día.
Cómo convertir los juguetes en un momento rico en lenguaje
No necesitas muchos juguetes para conversar. Por ejemplo, prepara una pequeña selección y sigue lo que tu peque haga con ella. Unos cuantos objetos conocidos ya pueden inspirar distintas historias y conversaciones.
Prueba también a contar lo que hace tu hijo en lugar de formular preguntas constantemente. Por ejemplo: «Estás metiendo el coche en el garaje». Después, sigue el juego: si el coche se convierte de repente en un barco, la historia puede ir en cualquier dirección.
Amplía las palabras con suavidad. Si tu peque dice «pelota fuera», puedes responder: «Sí, la pelota amarilla se aleja rodando». Así oye una frase un poco más larga sin que sus propias palabras se consideren incorrectas. Repetir también es valioso. Las palabras pueden reaparecer con frecuencia durante el juego.
Utiliza también el silencio. Espera, por ejemplo, un momento después de preguntar: «¿Qué come el oso?». Quizá llegue una respuesta, un gesto o solo una sonrisa. En todos los casos, puedes continuar: «El oso come plátano. Qué rico». Dale tiempo para reaccionar y, después, sigue la respuesta, el gesto o el sonido que aparezca.
Un espacio de juego tranquilo también ayuda
Puedes crear un lugar fijo para algunos juguetes favoritos, por ejemplo, una cesta con animales de madera, bloques, un peluche y un instrumento. Cambia algún objeto de vez en cuando, pero deja suficientes cosas conocidas.
Las rutinas también ofrecen oportunidades naturales para el lenguaje. Al recoger, podéis nombrar juntos dónde va cada cosa: «Los bloques en la cesta, el oso en la estantería». Antes de dormir, un peluche puede formar parte de una historia sencilla: ponerse el pijama, un beso y apagar la luz. De esta forma, las mismas palabras y acciones vuelven en distintos momentos del día.
¿En qué debes fijarte al elegir?
Comprueba la edad recomendada, las posibles advertencias y las piezas pequeñas o que puedan soltarse. Si quieres saber más, descubre también en qué fijarte para reconocer juguetes infantiles seguros. Presta además atención al material, el acabado y las instrucciones de uso del fabricante. También puedes elegir juguetes que se puedan utilizar de distintas maneras y encajen bien con vuestra familia.
Observa asimismo de qué formas puede jugar tu hijo con el juguete. Un bloque, un peluche o una figura de madera pueden dar lugar a diferentes historias y situaciones de juego. Pero los juguetes con una función más definida también pueden invitar a hablar y jugar juntos.
Sigue sobre todo los intereses de tu hijo. Si a tu peque le encantan los animales, empieza por ahí. Si ahora mismo los trenes son lo más importante, hablad de estaciones, pasajeros y de viajar rápido o despacio. Conectar con lo que ya le fascina suele hacer que jugar juntos resulte más natural.
No tienes que convertir el juego en una clase de lengua. Al nombrar lo que hace tu hijo, repetir palabras, cantar juntos y dejar espacio para una respuesta, los momentos de juego cotidianos crean oportunidades para el lenguaje. Elige sobre todo juguetes que se adapten a sus intereses y responde a lo que tu hijo muestra, hace sonar o cuenta mientras juega.

















